Sobre nosotros
Nuestros pasteles
Lo que nos hace diferentes, nos hace únicos
En Pastelería Clorofila entendemos la pastelería como un ejercicio de artesanía, pureza y respeto por el ingrediente. Todas nuestras creaciones se elaboran de forma íntegramente artesanal, con materias primas de calidad premium —mayoritariamente de cultivo ecológico— y de origen vegetal.
Nuestra propuesta nace de una visión más consciente de la pastelería, atenta al impacto de los ingredientes tanto en la salud como en el medio ambiente. Por ello trabajamos sin trigo (harina de espelta eventualmente en roscones y bollería), ni soja, empleando azúcares integrales como la panela, el azúcar de coco o el sirope de ágave; harinas integrales como la de arroz; y grasas nobles como el aceite de oliva virgen extra, la manteca de cacao o el aceite de coco.
Damos un protagonismo especial a los frutos secos y a los purés de fruta, presentes en proporciones superiores a las de la pastelería convencional. Elaboramos además nuestras propias natas vegetales, pastas puras de frutos secos, chocolates y pralinés, alcanzando sabores más definidos, texturas delicadas y un perfil organoléptico singular.
El resultado es una pastelería contemporánea, refinada y de carácter exclusivo, pensada para un público amplio —desde vegetarianos estrictos hasta personas que evitan gluten, soja, lácteos o huevo— donde la pureza del ingrediente revela una nueva forma de disfrutar la pastelería.
Nuestra historia
Un proyecto que nació sin buscarlo
Hace años decidimos rehabilitar nosotros mismos las antiguas cuadras de una casa de piedra del siglo XIX, en el rural de Betanzos.
Nos enamoramos de este lugar por detalles que quizás pasan más desapercibidos, pero que para nosotros lo son todo: el cielo lleno de estrellas en las noches de verano, el olor de la hierba recién cortada, la leña cortada y apilada junto al humo que sale de las chimeneas en invierno, los bosques detrás de casa donde a menudo aparecen corzos, jabalíes y multitud de aves… Los pequeños cursos de agua que recorren los lados de los caminos en época de lluvia, donde buscamos renacuajos con nuestra hija. Las huertas infinitas de los vecinos. Pasear con nuestra perrita Tundra. Tomar un buen café junto a la estufa de leña en silencio. Estar al sol. Caminar por la playa en invierno. Restaurar un mueble de madera en el jardín.
Amamos ese ritmo tranquilo y profundo de la vida. Las cosas sencillas, las que suceden cada día y que, precisamente por eso, terminan siendo las más importantes.
Y creemos que esa manera de vivir también está presente en nuestra forma de hacer pastelería.
Clorofila nació mucho antes de tener un nombre.
Durante nuestra época de estudiantes en Santiago de Compostela empezamos a experimentar, inicialmente, con la repostería buscando alternativas sin leche ni huevo. La oferta que
encontrábamos entonces no terminaba de convencernos y, como tampoco teníamos televisión en nuestro piso de estudiantes, teníamos mucho tiempo para experimentar.
Una Navidad, Alex hizo unos polvorones.
Aquella noche estaba horneando polvorones sin saber que, en realidad, estaba horneando un futuro. Fueron un éxito. La reacción de quienes los probaron despertó una curiosidad que fue creciendo poco a poco.
A partir de entonces comenzó un largo camino de estudio autodidacta. Pruebas, errores e incontables horas en la cocina. No era extraño encontrarle estudiando para un examen de alguna materia de filosofía mientras experimentaba con una receta nueva.
Poco a poco fue profundizando en las técnicas de la pastelería vegetal, hasta plantearse un nuevo reto al empezar a colaborar con un grupo de consumo de productos ecológicos: ir un paso más allá y trabajar también sin ingredientes industriales, no usar azúcar blanco e ingredientes naturalmente sin gluten.
Así fue tomando forma nuestra manera de entender la pastelería. Lentamente, con mucho trabajo, constancia e ilusión.
Hoy seguimos aprendiendo, estudiando y experimentando. Porque para nosotros Clorofila no es solamente un proyecto profesional. Es también una forma de hacer las cosas que nace de nuestra manera de entender la vida: con calma, curiosidad, respeto por la naturaleza y atención por las cosas bien hechas. A fin de cuentas, es un proyecto personal que refleja parte de nuestra identidad, es una parte de nosotros mismos.
Queremos dar las gracias a nuestras familias, a nuestros amigos —y especialmente a Iria Fafián, por todo su precioso trabajo de diseño e ilustración— y a todas las personas que han confiado en nosotros.
A quienes saben valorar las horas de estudio, el trabajo artesanal y la calidad de las materias primas que hay detrás de cada elaboración.
Gracias por acompañarnos. Seguiremos aprendiendo y mejorando, día a día.
Hace años decidimos rehabilitar nosotros mismos las antiguas cuadras de una casa de piedra del siglo XIX, en el rural de Betanzos.
Nos enamoramos de este lugar por detalles que quizás pasan más desapercibidos, pero que para nosotros lo son todo: el cielo lleno de estrellas en las noches de verano, el olor de la hierba recién cortada, la leña cortada y apilada junto al humo que sale de las chimeneas en invierno, los bosques detrás de casa donde a menudo aparecen corzos, jabalíes y multitud de aves… Los pequeños cursos de agua que recorren los lados de los caminos en época de lluvia, donde buscamos renacuajos con nuestra hija. Las huertas infinitas de los vecinos. Pasear con nuestra perrita Tundra. Tomar un buen café junto a la estufa de leña en silencio. Estar al sol. Caminar por la playa en invierno. Restaurar un mueble de madera en el jardín.
Amamos ese ritmo tranquilo y profundo de la vida. Las cosas sencillas, las que suceden cada día y que, precisamente por eso, terminan siendo las más importantes.
Y creemos que esa manera de vivir también está presente en nuestra forma de hacer pastelería.
Clorofila nació mucho antes de tener un nombre.
Durante nuestra época de estudiantes en Santiago de Compostela empezamos a experimentar, inicialmente, con la repostería buscando alternativas sin leche ni huevo. La oferta que
encontrábamos entonces no terminaba de convencernos y, como tampoco teníamos televisión en nuestro piso de estudiantes, teníamos mucho tiempo para experimentar.
Una Navidad, Alex hizo unos polvorones.
Aquella noche estaba horneando polvorones sin saber que, en realidad, estaba horneando un futuro. Fueron un éxito. La reacción de quienes los probaron despertó una curiosidad que fue creciendo poco a poco.
A partir de entonces comenzó un largo camino de estudio autodidacta. Pruebas, errores e incontables horas en la cocina. No era extraño encontrarle estudiando para un examen de alguna materia de filosofía mientras experimentaba con una receta nueva.
Poco a poco fue profundizando en las técnicas de la pastelería vegetal, hasta plantearse un nuevo reto al empezar a colaborar con un grupo de consumo de productos ecológicos: ir un paso más allá y trabajar también sin ingredientes industriales, no usar azúcar blanco e ingredientes naturalmente sin gluten.
Así fue tomando forma nuestra manera de entender la pastelería. Lentamente, con mucho trabajo, constancia e ilusión.
Hoy seguimos aprendiendo, estudiando y experimentando. Porque para nosotros Clorofila no es solamente un proyecto profesional. Es también una forma de hacer las cosas que nace de nuestra manera de entender la vida: con calma, curiosidad, respeto por la naturaleza y atención por las cosas bien hechas. A fin de cuentas, es un proyecto personal que refleja parte de nuestra identidad, es una parte de nosotros mismos.
Queremos dar las gracias a nuestras familias, a nuestros amigos —y especialmente a Iria Fafián, por todo su precioso trabajo de diseño e ilustración— y a todas las personas que han confiado en nosotros.
A quienes saben valorar las horas de estudio, el trabajo artesanal y la calidad de las materias primas que hay detrás de cada elaboración.
Gracias por acompañarnos. Seguiremos aprendiendo y mejorando, día a día.